Levrerónimos Iluminados en Montevideo

Mañana 5 de noviembre se inaugura en Cósmica esta exposición participativa e interactiva de Diego Bianki (La Plata,1963)(*) que se inspira en una serie de textos de Mario Levrero pero desde sus otras identidades o heterónimos (Sofanor Rigby, Alvar Tot, Prof. J. Vrlarchki, incluso Jorge Varlotta). Se trata de una propuesta novedosa y lúdica, en la que podremos meter mano sin provocar que guardia alguno de museo nos venga a rezongar. Bianki fue el ilustrador de Cuentos cansados de Levrero, y quien haya visto sus hermosas imágenes seguro las recuerda. He escrito el siguiente texto articulando a estos Levrerónimos Iluminados con el énfasis que ponía Levrero en “las puertas de la percepción”, no solo como autor sino también como tallerista. Aquí va, y ojalá se den una vuelta mañana.
También habrá una charla de presentación del proyecto el martes 8 a las 18 h (todo en el querido Tribu, sede principal de Cósmica 2022).

El universo perceptivo de Levrero

En aquellos tiempos de comienzos de siglo, cuando era más común la literatura en tercera persona, Mario Levrero recomendaba enfáticamente -en la “sucursal” de su taller virtual que yo dirigía según su entrenamiento directo- que quienes empezaban a escribir adoptaran la primera persona, porque eso acercaba más al lector a aquello que le ocurría al personaje. Gran parte de la maniobra tenía que ver con la posibilidad de prestar la mirada, el cuerpo, los sentidos de la percepción, que de acuerdo a su visión serían el gran anclaje en el entorno y un balance muy necesario con las tentaciones de la reflexión excesiva, o de la reflexión como sustituto de la acción. Para Levrero, si filtráramos todo lo que no es propiamente literario en
una obra buscando qué es lo que hace que la literatura sea literatura -y no información pura, periodismo, reflexión filosófica, panfleto ideológico y demás-, nos quedaríamos con la anécdota narrada a través de imágenes. En su taller se apuntó siempre a trabajar con esa esencia de lo literario, con ese estado “puro” (que como todo lo concentrado puede volverse insoportable, y por eso la literatura suele abarcar también ciertas adherencias no literarias, como el mezclador de una bebida con alta graduación alcohólica); esto es crucial a la hora de ir encontrando y desarrollando un estilo personal quizás incipiente en un principio. Las consignas de Levrero buscan conectar con el universo perceptivo, a veces desde la memoria, a veces desde la proyección, y la mitad de las veces desde una experiencia “de campo” previa a la escritura misma, en la que prestamos toda nuestra atención y presencia. Cuando el autor habla de “escribir con imágenes”, se refiere a todo tipo de imágenes sensoriales (y no solo visuales); a lo largo de los distintos niveles del taller, el alumno recorre el oído, el tacto, el olfato, la vista, y una dimensión que él consideraba como otro de nuestros sentidos: el tiempo.

“La realidad es infinitamente más vasta de lo que percibimos habitualmente”, decía. “Desde los comienzos hasta ahora, he hablado de experiencias personales; no hay nada de “invención” intelectual, sino que todo lo escrito responde a exploraciones mías de mi exploración del mundo […] Quiero decir que nunca hubo una intención de ningún tipo al escribir; solo curiosidad compulsiva”.

LEVRERÓNIMOS ILUMINADOS recoge, en su propuesta, varios de los pilares por los que abogaba Levrero: el eje puesto en cómo percibe cada persona la realidad, lo lúdico en el arte pero no tanto desde el ingenio como más bien desde la investigación y la experiencia directa, el tamiz sensorial adicional que envuelve la instalación con su énfasis inclusivo, la espontaneidad con la que el visitante puede intervenir sobre la obra inicial, la libertad con la que decide cómo. Creo que podemos fantasear que, desde uno o varios de sus alter ego y seudónimos-escondite, disfrutaría la visita.
Gabriela Onetto

(*) Un argentino más que ha sido expropiado en beneficio de la Banda Oriental, en particular de Colonia del Sacramento, desde hace más de dos décadas

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